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3 nov 2009

El bandido electrónico


Doña Adela estaba preocupada. No recordaba si había cerrado la llave del gas. “Después, ya veo, revienta todo o me muero asfixiada” pensaba, mientras buscaba sus sandalias de bajo la cama y emprendía su camino a la llave cerrar. Atravesó el pasillo oscuro como tantas otras veces lo supo hacer las últimas cuatro décadas en las que lloró y rió en aquella vieja casa en el centro. De las paredes amarillentas colgaban varios cuadros con fotografías de distintas épocas, todas ellas de escenas familiares. Adela trataba de no mirarlas, pues todas le recordaban a su difunto esposo.

Cuando ya estaba llegando a la cocina, notó que efectivamente se había olvidado la llave del gas abierta. “Que descuidada” llegó a pensar antes de darse cuenta de algo que llamó su atención. La casa de Adela era una de esas casas antiguas que tenían un pequeño cuarto en la cocina que era utilizado de despensa. Ahora la puerta de la misma estaba abierta, y en su interior la luz encendida. Adela se santiguó y tembló de miedo al recordar que ella no había tenido la necesidad de entrar a dicho cuarto en los últimos días. Sin embargo, tomó coraje y fue a investigar.

En una primera inspección (desde el marco de la puerta), todo estaba en orden. Pero aun debía entrar para apagar la luz, se decía a si misma “después, ya veo, la boleta de la luz va a ser altísima”. Entró. Y tras apagar la bombilla, la puerta se cerró tras su espalda.

“¡Socorro! ¡Socorro! ¡Me roban! “gritaba inútilmente Adela, mientras del otro lado, un hombre vestido de gala bebía unos tragos de whisky en las rocas y comenzaba a patear la puerta. “¡Socorro!” seguía gritando la señora, y del otro lado, las patadas a la puerta comenzaban a tomar ritmo de dos cuartos. La pobre vieja no entendía por qué la habían encerrado, pero no pudo resistirse a los rítmicos golpes y comenzó, casi sin darse cuenta, a moverse al compás de la música. Momentos después, el hombre del otro lado sacaba un papel de lija del bolsillo lateral derecho de su blazer y comenzaba a acompañar a las graves patadas con agudos “shakers” de lija. Adela estaba enfiestada. Ahora los gritos de socorro se habían convertido en alaridos de júbilo y éxtasis. Lo que bien podría haber sido otra noche aburrida se había convertido en un after de locura y música electrónica.

Durante casi seis horas armaron una gran suite electrónica en vivo y acústico, de un lado Adela, golpeando unas latas de conserva, y del otro el misterioso bandido DJ acústico contra la puerta. Hasta que pintó el bajón, y Adela invitó al músico a comer unos fideos con tuco. Pero este dijo que no podía: “Debo regresar a mi planeta. Pero ha sido un gusto pegarme un requeté reventón contigo, oh noble vieja cuasi chota. Ahora he de tomarme el palo, y no lloréis, porque todo bien. Auf wiedersen. ” Y se fue girando.

Desde ese día, Adela vio que debía hacer algo con su vida. Vendió todos sus vinos añejos y salames importados y compró ácido lisérgico y viajo por todos lados, menos por Letonia, porque estaba reservado para otro cuento.

24 ago 2009

El espejo del baño

Bueno, momento de relativa cordura y seriedad en Zapallo Mutante, puesto que el siguiente es un texto narrativo (denominado comunmente "cuento") de mi autoría que prácticamente carece de absurdo alguno. Y, guarda, que tiene moraleja...

El espejo del baño


Ricardo se estaba afeitando cuando sonó el timbre de su departamento allá por Ayacucho al tanto. Esto era sin duda algo raro, no solo por la hora (aun no salía el sol) sino también por el hecho de que hacían ya tres años desde que él había renunciado a casi todo contacto social.
“No puede ser el sodero, es muy temprano” pensó, tratando de explicar el suceso. “Doña Zoraide viajó a Formosa y no vuelve hasta dentro de dos días” recordó por su única vecina conocida.
Unas tímidas gotas de sangre se escurrían ahora por el lavabo. En el susto por la inesperada campanada, se cortó con la gillette el mentón. “Mierda.” Tal vez como una forma de divertir su mente y alejarla de ciertos pensamientos agresivos, o quizá solo por aburrimiento, Ricardo insistía en mantener su estética y buena presencia, a pesar de su exilio. No soportaba pasar por los espejos y verse dejado. Se bañaba todos los días, a veces dos y hasta tres veces, se afeitaba una vez a la semana y los sábados por la noche vestía de gala. Había pensado en ciertas ocasiones en romper todos los espejos, pero la superstición lo disuadía. Pensó también en esconderlos, y lo hizo con la mayoría, pero no pudo encontrar manera de desprender el cristal del baño. Probó taparlo con una sábana vieja, pero al encontrarlo antiestético se dio por vencido y aceptó con resignación la tortura de tener que reflejarse cada vez que tuviera que atender sus necesidades en el cuarto de baño.
Tomó un pequeño pedazo de papel higiénico y tapó con el la herida. Algo indeciso y dubitativo se dirigió a atender la llamada en la puerta. Recorrió un pasillo e ingresó en la cocina. Sobre la mesa se hallaban las bolsas de mercaderías que había ordenado el día anterior al autoservicio chino de la esquina. “Quizás sea el cadete que se olvidó algo.” Aun no había revisado las bolsas para controlar que el pedido haya sido cumplido. “Lo dudo, no creo que estos chinos abran tan temprano, y aunque lo hicieran no tendrían la consideración de cumplir sin que yo me queje.”
Pero entonces, ¿quién podría ser?

La duda ahora se había convertido en temor. ¿Lo habrían encontrado esos parientes latosos que buscaban enterrarlo y quedarse con su fortuna? O tal vez... no, imposible.
Ricardo fue alguna vez un empresario importante en el floreciente rubro de la construcción. Con un pequeño dinero que había logrado juntar en su juventud montó una empresa constructora con un colega ingeniero llamado Beto Cabrera. El se encargaba de la parte administrativa y Beto ponía la firma. Todo parecía marchar en orden, y con el tiempo lograron cierto prestigio que les consiguió un contrato con el gobierno de la provincia para la concesión de unas obras que les dejarían una jugosa suma. Pero la vida le da a uno sorpresas y fue así que cierta noche, Ricardo olvidó unos papeles importantes en su oficina que lo obligaron a volver a la misma, armado con su viejo revolver por precaución. Y el destino quiso que su prudencia dispare en la oscuridad a su colega, confundiéndolo con un maleante.
“¿Será algún peatón confundido?” se preguntaba ahora, en un intento desesperado de autoconvencerse de que todo estaba bien, que era imposible que lo hayan descubierto. Tras la “misteriosa” muerte del ingeniero Cabrera, Ricardo logró burlar las hipótesis de los detectives con ingeniosas coartadas, al menos por un tiempo. “Después de todo, fue solo un accidente” pensaba, pero sabía que no tardarían en descubrir la verdad.
Tres años ya habían pasado desde que decidió esconderse en su modesto pero cómodo departamento en Ayacucho al tanto. Su esposa hacía tiempo no vivía con el, pero Ricardo mensualmente le pasaba un dinero, puesto que sus hijos vivían con ella.
Casandra, la menor, había cumplido la semana anterior los nueve años. Él le envió por medio de su hijo mayor, Camilo, una muñeca de esas que dicen “mamá”. Hacían más de dos años desde la última vez que la vio. La extrañaba mucho, y sentía no poder verla, pero creía hacer lo correcto. Camilo pisaba los veinte. Él era el único que conocía el paradero de su padre. Solía visitarlo seguido, manteniendo una relación de estrecha amistad y confianza. Los pocos negocios (bastante discretos) que manejaba aun Ricardo los llevaba a cabo Camilo, a modo de representante, o una suerte de emisario.
Una vieja fotografía de su hijo le recordó entonces la posibilidad de que sea el entonces el misterioso visitante. Esto lo tranquilizó lo suficiente como para continuar su aventura hacia la puerta. Ya solo restaban menos de diez pasos. “¿Y si son mis últimos diez pasos?” recapacitó. Era mucha presión. La duda lo asaltaba en cuotas breves pero dolorosas. Aun cabía la posibilidad de que sean los familiares de Beto, quienes, recordaba, habían jurado encontrar al asesino de su padre.
“Pobre Beto” pensó Ricardo entre sollozos, de rodillas frente al inerte cuerpo sin vida de su colega. “Pobre de mí también, tonto, tonto, tonto Ricardo. Debería de amputarme el maldito dedo que jaló el gatillo.” Un hombre tan noble y bueno, tanta gente lo extrañará. Pero no dejaba de ser solo un accidente. El tenía una vida que llevar, y no podía mancillar el apellido. ¿Qué pensarían sus hijos? Definitivamente no podía permitir que eso saliera a la luz. Debía esconder toda evidencia que pueda llegar a incriminarlo. Casi automáticamente procedió a desbaratar toda la oficina como para que pareciera un robo. Tomo algunos papeles y objetos de valor y los llevó consigo. Incluso profanó el cadáver de su colega, golpeándolo y magullándolo para dar una idea de forcejeo. Si todo iba bien, lograría esquivar la justicia el tiempo suficiente como para planear su nueva movida.


Y ahí estaba ahora Ricardo, de pie frente a la puerta. Notó que sus piernas comenzaron a temblar. Miró por el agujero de la puerta: Nada. “¿Quién es?” preguntó. Nada.
Si había de encontrarse con algo inesperado, mejor que sea rápido. Pensó que los golpes de desgracia que nos acosan son más soportables si se los recibe sin preámbulo. Como un caballero que se enfrenta a un dragón escupe fuego, abrió la puerta de un solo golpe. Con sorpresa y desconcierto observó perplejo el pórtico vacío. No había nadie.
No pudo más que reír. Su temor y paranoia lo habían enloquecido a tal punto de sospechar de una inocente, y quizás molesta, broma nocturna. Ricardo había sido víctima de algún adolescente ebrio jugando al “ring-raje.”
Cerró la puerta tras de sí y volvió al baño. Ahí estaba otra vez el espejo, mostrándole su rostro a medio afeitar, como recordándole sus descuidos, presionando viejas llagas ya encarnadas en su memoria. Pensó Ricardo en las naderías que lo atormentaba. Pensó que quizás el hombre se preocupa por cosas pequeñas porque le resulta más fácil que hacerlo por las verdaderas complicaciones.
Se tomó su tiempo para terminar de rasurarse el rostro y luego buscó en el botiquín unas píldoras relajantes. Con un vaso de agua ayudo a pasar un comprimido y luego se sentó a hojear un álbum de fotos familiares. Pocos minutos después llamó a un taxi, que tras un comprensible retraso, hacía sonar la bocina en la calle.

16 ago 2009

"Volvió el Willy" ó breves teorías sobre el retorno


Nunca fui tan feliz en mi vida como cuando volví a mi pueblo natal después de 20 años de exilio en el exterior. La emoción del retorno, la vuelta a casa, el reencuentro con los amigos de la juventud y aquellos viejos amores, era maravilloso. Todos estaban allí: Margarita la botona, Carlitos cara de ubre, Margareth la indiferente, Darío el persa, la fogosa Bety y sus libertinos flying saucers; Mabel la colega, Eugenio el zurdo comunista, Gastón el salvaje, Héctor Manuel el gavilán, Teresa la sorete, Pocho el petizo, el tío Euclides, don Saucedo, el viejo rollizo del almacén; las primas Titi, Mimi, Mumu, Loli, Vivi, Lali, Tita, Yeya, Babi, Teta, Pepa y Pocha la senil; Gervacio Martinez el incorregible, Ricardo el pelado del tinto, Yoli la cara de bolsa, Juan sin tierras, doña Zoraide la bruja chota, Ernesto el loco de la guerra, Martín el represor y su esposa Claudia l’Agarcca, Tito el carnicero y sin olvidar al padre Manuel, el cura pediatra.


Si, todos estaban ahí. Éramos un pueblo chico y tranquilo, nos conocíamos entre todos y por lo general éramos muy unidos. Y cuando yo llegué, se armó la gorda. Juntamos mucha paja y soga e hicimos un muñeco gigante de una señora muy gorda que luego quemamos una noche de luna llena durante un ritual de adoración a la diosa Chicha. Y después rendimos culto a Baco, haciendo una gran bacanal. Yo estuve con todas las wainas más lindas del pueblo. Y claro, hijo de tigre yo. A una le cercené el brazo y me lo comí crudo. Todo sea por el gran Baco.


Al día siguiente hicimos una polleada en la plaza. Todos comimos pollo y jabalí con papas. Mi vieja trajo de postre unos pomelos acaramelados en varas. Y mientras las señoritas tejían bajo los sauces, los caballeros se medían en combates a muerte en un puente sobre un volcán que tenia don Atilio en su pago. Yo le gane a todos porque me había traido de la ciudad unas navajas de esas que se doblan todo y no las ve nadie, y nadie supo que yo hice trampa y los acribille a trinchetazos, asi que tuve que cortar a nadie también.


Todo era muy lindo en verdad. La vuelta al pueblo siempre es algo mágico en verdad. Pero ahora debía volver a la ciudad a trabajar. Me despedí de todos, que estaban ahí al lado nomas. Y después me fui.

Tal vez vuelva el año entrante, pero no sé. Eso depende muchas otras cosas.

17 abr 2009

La noche de los Piononos - Primera parte


El viejo reloj del abuelo marcaba las tres y diez de la madrugada cuando Jorgito el púber bajaba las escaleras portando un roído calzón sucio a modo de arma de defensa. Había sentido un fuerte ruido en la cocina hacia unos minutos que lo despertaron al instante, y no podia dormir. Debía investigar para saber que pasaba.

Tras cruzar entre penumbras el largo comedor, el valiente Jorgito acercóse al marco de la puerta de la cocina y hechó un vistazo en su interior.

Nada.

-¡Tengo calzoncillos sucios y no dudaré en usarlos!- Amenazó.

Nada.

Decidió entrar. No más dio tres pasos cuando saltó de entre las sombras una figura oblonga con ojos azules como zafiro.

Rápido como un gorgojo, Jorgito aventó el pútrido calzón directo a la cara(si es que la tenía) de la criatura, que dando un estridente grito de pavor, cayó inanimada de bruces al piso.<<¿Qué fue eso?>>


Tras encender la luz, el puber descubrió con horror que, sin saberlo, habia neutralizado un pionono.<<¿Un pionono?-se preguntó->>

Pero este no era un pionono cualquiera, y eso lo descubrió al recibir una fuerte descarga eléctrica al acercarse al mismo. Era un pionono eléctrico.





La hora había llegado para que Jorgito el puber demuestre su valentía. El recordaba bien las palabras de su viejo mentor, Luisito el borracho, aquel día en que se habian comido un quesito rico del año pasado: -Si vienen los piononos, todo bien. Pero si son eléctricos, cagamo' la bala y vamo' a tener que romper todo.-

No tenía tiempo que perder.

Continuará cuando se me cante la cola.

28 dic 2008

Bitácora del "Lovao"


Hace ya más de 70 años se hundió en el Río Negro el buque transatlántico "Lovao". El mismo había partido de Puerto Tirol el 29 de Diciembre (día de San Bonifacio) de 1923 con un cargamento de chupetines rellenos y destino a Fontana.
El capitán Herbert Von Krötzwer se había despedido de su esposa esa misma tarde sabiendo que la vería otra vez en solo diez meses.
El resto de la tripulación estaba compuesta en su mayoría por abogados y toda clase de delincuentes.

Y así entonces partieron, con una misión clara y sencilla aparentemente. Pero solo el capitán sabía lo que en realidad había en la bodega.

Siete meses después de la partida del "Lovao", la municipalidad de Fontana, preocupada por el retraso del mismo, que se suponía tardaría cinco meses en llegar, ordenó la búsqueda del buque.

Pero no hizo falta tal despliegue. Dos días después el "Lovao" encalló en el Club Regatas Resistencia. Estaba completamente vació y llevaba un aspecto como si hubiera estado perdido en la bruma por años.

En su interior, tras recorrer los derroidos pasillos salpicados con sangre, se encontró en el cuarto de máquinas la bitácora del capitán.

Bitácora del "Lovao" - Capitán Herbert Von Krötzwer

Diciembre 29: La partida tuvo lugar con éxito total. He logrado deslizar secretamente el "sobrecargo." Solo resta disfrutar del viaje y velar por la tripulación.

Enero 3: Hoy, el grumete Capretini descifró un mensaje que yo estaba enviando a mi contacto en Fontana por telégrafo y me interrogó acerca del paquete. Yo, por supuesto, lo mandé a fregar la cubierta. Pero sospecho que será el comienzo de un motín.

Enero 9: A pocos días de haber partido, el contramaestre Francisco Alvarez persivió un aroma muy particular que le recordaba sus años en la U7: el inconfundible edor de la muerte(CHAN!). Ordené una inspección de proa a popa.

Enero 11: El mutilado cuerpo del cocinero Branco Juan apareció esparcido por toda la despensa. Junto a su cabeza habia una nota que indicaba el motivo de su muerte: "Por tener un nombre raro." Mis temores se confirmaron cuando bajé a la bodega para revisar el envío. La caja que lo contenía habia sido forzada. El idolo no estaba.

Enero 15: Hace cinco días que no se tienen noticias ni del ingeniero DeMartino ni de los marineros Nissim y Asulay. Sospecho lo peor. La tripulación está inquieta.

Enero 17: Hoy fue avistado el ingeniero Demartino cerca del cuarto de maquinas bañado en sangre. Los jefes de maquinaria intentaron atraparlo pero se les escabullo. He ordenado darle caza inmediatamente.

Enero 18: Los marineros interpretaron mal mi orden y construyeron en cubierta una vivienda para el ingeniero.

Enero 21: La cubierta es un cementerio. Cuerpos mutilados y zapallos desparramados por doquier. Atado al mastil de proa habia una soga que llevaba arrastrando una guarida secreta del mal. Ordené que sea inspeccionada. Mandé al contramaestre Tissembaum y al jefe de cubierta Presti ver de que se trataba todo esto.





Enero 22: Hoy volvieron el contramaestre y el jefe de cubierta. Pero no han vuelto normales. Sus cuerpos han cambiado, uno a la usanza de un dictador antidemocrático, y el otro con cuerpo de actor porno-gay de peliculas de acción mediocres de los '80, y eso que estamos en la década del '20.(Nota del autor: el capitán podía viajar en el tiempo).

Enero 25: La sala de máquinas está cerrada. Hoy apareció el cuerpo sin vida del marinero Nissim junto con la cabeza sercenada del mariscal Brollo. Los indicios de una aparente violación dejan en claro el culpable: el ingeniero Demartino. Las muertes continuan.


Enero 27: Hemos logrado abrir la sala de máquinas. Aparentemente el contramaestre Alvarez y el almirante Albretch(creo que su apellido era así) se quisieron esconder tras una roca, pero murieron igual, por cliché.



Enero 30: Solo quedamos doce. Nos hemos encerrado en la bodega. He encontrado el ídolo, pero Sandoval lo aventó lejos y se enredó en unos cables. Si no fueramos tan pocos, lo hubiese mandado fusilar por idiota. Mis fuerzas me abandonan. Se oyen comentarios sexópatas entre los remaches. Ya no queda duda: el ingeniero Demartino abrió la caja y tomo el ídolo con sus manos. Así, el malvado espiritu del Dios Ahaha lo invadió y obligó a hacer cagadas. Sir Arthur Connan Doyle también es culpable.

Febrero 2: Está abriendo la puerta con sus uñas. Está en frenesí. Nos quiere violar. El ingeniero nos quiere violar. Ya es tarde. Ya no...

La Policía del Chaco ordenó a prefectura que hundiese el barco con todo lo que hubiese dentro. No querían que una maldición asi se propague.


El ingeniero Demartino nunca más fue visto.

1 oct 2008

Me encanta derivar

Habia una vez, en un pueblito muy lejano llamado Ulises No Toma, o Utn para los allegados, un joven de cualidades mentales particulares, por no decir que era un pelotudo.

Este joven podía abrir portales interdimensionales y deformar el tiempo y espacio para traer de los confines del universo los ingredientes fundamentales para ensamblar los sandwiches de bondiola mas imponentes que alguna vez se hallan visto bajo febo. Pero el no lo sabia. Estaba siempre muy ocupado derivando funciones. Porque a el le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, le encantaba, derivar.

Se pasaba el dia entero derivando y cantando: Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar! Me encaaaaaaanta derivar!


Hasta que un dia derivo una funcion muy grosa y se le cayo el peluquin!

Ay! que triste se puso.

Y desde entonces no le gustó derivar mas.

Asi que se juntó con otro que se ve que le encanta que da miedo y empesaron a hacer circuitos al son de un canto rotundo:ALU!ALU!ALU!ALU!ALU!ALU!ALU!


Les encanta!

24 jun 2008

Vida y muerte y vida nuevamente

Y bueno, esto es un trabajo que tube que presentar para la hora de inglés del colegio en cuarto año. El cuentito original estaba en inglés ¿no? Si. Pero lo traduje junto con un selecto grupo de monjes de la Abadía de Sorongolongo en Westasd.

Me saqué un 9,33 porque la profesora es re ortiva! Pero aca está, el cuentito muy lindo y pechocho!




Solía haber un pueblo en Irlanda donde los pueblerinos contaban una vieja leyenda sobre una escalera dorada escondida en la profundidad de un bosque, que llevaba a una tierra mágica. Pero esta historia no trata sobre esa escalera, sino de una persona muy peculiar.
Maicol Llacksönfonson era un doctor que amaba juntar flores en el bosque y beber tes mágicos que lo hacía volar. Por las mañanas, solía beber café con medialunas. Por las tardes pintaba macetas a domicilio. Y por las noches le rezaba a Satanás, rogándole protección, dinero y montones de plantitas mágicas llamadas Cañabis Saliva. Y luego dormía por dos décadas.
Cuando despertaba, siempre encontraba barriles llenos de monedas de oro, que eran regalos de un goblin llamado Pohr-Otto del castillo de hielo en la tierra flotante de Gorbachensen, donde vivían unas pequeñas y molestas criaturas llamadas gremlins.
Un buen día, el siempre cambiante Destino resolvió invitar al Maicol a beber vino barato, y este aceptó con gran agrado, ya que le encantaba estar ebrio. Fue un error que ya nunca olvidaría.
Estaban sentados en una banca del parque cuando de repente un misterioso perro emergió del legendario pozo Buraken-Honden (o simplemente Buraco) y comenzó a vomitar sus entrañas en el pastito. Y allí pereció. Pero antes, confesó haber roto el Séptimo Sello, liberando al mal del Infierno, convirtiendo a la Tierra en uno.
Por suerte, justo estaba Dios por ahí cerca comprando CD virgen, y cuando vio eso, saco su lanza llamas ultra-tangente y carbonizó a todos y a cada uno de los monstruos, demonios y toda clase de vendedor de ovnis de goma. Y en cuanto se encontró con Satán, acordaron jugar un partido del antiguo juego de cartas llamado Truco.
Satanás ganó. Dios fue maldecido y condenado a hacer todas las labores caseras en la casa de Satanás, inclusive lavar los platos. Pero Maicol no vio nada bueno en eso. Así que compró una silla y se sentó a meditar. Y fue en ese preciso instante cuando un maletín cayó justo en su cabeza, dejándolo fuera de combate.
Despertó por la mañana, y luego de desayunar sus acostumbradas medialunas con café con leche, recordó que debía retirar su saco de la tintorería. Y entonces recordó todo lo que sucedió, cuando vio el maletín incrustado en su cabeza.
Decidió construir un Robo-bonete gigante para azotar al mal. Murió intentando.
Pero el alma de este ser incoherente no se extinguió. Permaneció entre el proletariado, bebiendo vino barato y jugando backgammon. Y se convirtió en una poderosa entidad, capaz de dar vida a todo lo que tocaba.
Esos eran tiempos dorados. Satán, en su cargo de P.O.R.O.N.G.A (Presidente Occipital Regente del Oráculo Nacional del Gobierno Absiso) del mundo construyó escuelas, hospitales, carreteras, manicomios, templos de sacrificios humanos, centros de sopa voodoo, casas de macumba, cementerios llenos de criptas con hermosos epitafios, bancos, congregaciones burguesas, burdeles y burlesques, una autopista al infierno y baños públicos. Solía caminar por las calles saludando a aquellos que van a morir, dando medicamentos gratis, besando bebés y, en algunas ocasiones, entregando panfletos protestando contra la polución del medio ambiente. En verdad, la gente lo amaba, y los judíos llegaron a considerarlo el verdadero Mesías.
Con el tiempo, Él y “el Burrajo” (como la gente llamaba a Maicol), se hicieron amigos inseparables, e incluso más que eso. Pero fue por un inesperado giro en las decisiones del Destino que este gran regocijo en la vida después de la muerte de Maicol alcanzó el desdichado final, el día de su 51° aniversario como un alma errante.
Estaba tocando el sitar en el templo budista local cuando su espíritu fue consumido por una aspiradora, que un tiempo después se convirtió en Rey de Gorbachensen, a donde llevó riquezas y poder. Iron Maiden tocó allí durante su reinado.
Por dos mil quinientos años, el Rey Aspiradora gobernó la Tierra Flotante. Algunos dicen que en los últimos años se convirtió en un tirano, luego de terminar su romance con una licuadora llamada… bueno, no tiene nombre, es una licuadora. Pero un día, estaba caminando por el borde cuando la tierra se lo tragó.
El proceso de digestión tardó cuatrocientos años, y luego, cuando finalmente logró escapar de los profundos pasadizos de los túneles subterráneos de Gorbachensen, cayó y cayó eternamente, hasta que no hubo más tierra, y el tiempo no fue tiempo ya más.

7 may 2008

El plomero invisible


Habia una vez en un pueblo llamado Folombatomber, un señor que no tenia piel. Pero el problema era que tampoco tenía carne, ni huesos, ni nada. Pero aun asi, estaba vivo. Algunos dicen que esto se debía a que tomaba mucha leche y comia queso en barra energética y eso le calcificaba los huesos que no tenia pero que si tenia porque estaban guardados en una cuenta bancaria secreta en Suiza, una localidad de la provincia del Chaco.
Este plomero era invisible. Le gustaba escucharlo al flaco Spinetta también, a pesar de que algunos lo consideraban una ironía, un cliché. Su nombre era invisible e inaudible también, por eso nadie sabía como se llamaba el guacho.

Un día, lo llamaron para que destape un bidet en la casa del gobernador Zorak.

Este le ordenó que lo hiciera antes de la medianoche porque a esa hora venían sus amigos a jugar canasta.
El hombre era muy bueno en su trabajo, y lo terminó en una hora. Pero llegaron igual los amigos de Zorak, y este se enojó, y el plomero huyó en su caballo galopante, y nunca nadie volvió a saber de el.

La leyenda dice que mientras recorría Folombatomber en busca de un escondite, se encontro con un payaso vestido de etiqueta que le recordó que no necesitaba esconderse porque era invisible, y le dio un maletín.




Su contenido es un misterio aun, pero el plomero lo tomo como un hogar como un cangrejo hermitaño que se muda a un caracol.
Desde ese entonces, todas las noches visita nuestros recintos sanitarios para reparar nuestras cañerias, dejandonos como señal un sombrero barato.

Aquellos que porten este sombrero, recibirán una pista para resolver el enigma de la Primera edición del Gran Juego ZapalloMutantoso, para saber qué es el misterioso animal...

29 abr 2008

El fuego voraz


Si vas a la esquina, llevale a este. Si vas al centro, llevale a este. Pero si gruñe tu viejo, hace un fuego! Fuego, diversión asegurada por horas enteras.

8 mar 2008

Fragmentos de un escrito rotundo elaborado por mi mente mientras emprendia el retorno a mi hogar en un colectivo yuxtapuesto.

Prestamista de insulina
en esta esquina todo murió.
Salvajismo, mala espina
Al vacio caeré
En mi casa el escarmiento,
en la oficina, rebelión.
Todo verde es el fermento
de un podrido corazón
Ya el container se destapa
en la galera ya no hay magia.
Y si tus botas no te alcanzan,
yo te presto mi alpargata.

Eric Tissembaum.- Alfarero a domicilio
Intenta ser parte de una letra para un tema de mi banda, Caleidoscopio, con la cual interpreto piezas de composicion algoritmica de genero Rock Progresivo, pero no creo que a gato le guste(oh, yo se que tu si lo quieres beberly)
Espero sea de su agradookokaojh{ojobpja{ona